Oh glorioso San Antonio! Yo bendigo al Señor que te hizo aparecer en el mundo para bien de la humanidad. Dios se complació en derramar sus dones por tu conducto, y valiéndose de tí, se mostró Padre cariñoso y solícito de los mortales. Cuántos desconsolados recurrieron a tu caridad para que les dieres alivio en sus penas! Tú alcanzaste con tus oraciones que las cosas perdidas fueran halladas, que se restableciera en los matrimonios la paz y lograste ser llamado el Santo de los milagros por el gran número do ellos que Dios obró por tu medio para remediar las miserias y necesidades de las almas.